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Arqueología en los Llanos de Moxos

Movimientos de tierra prehispánicos en la región de Beni, Bolivia

El ambiente de la región tropical amazónica en Sudamérica fue largamente considerado de potencial limitado. Era común pensar que en el pasado e inclusive en el presente, la organización política y social de los indígenas era muy simple, que las poblaciones eran nómadas y estaban ampliamente dispersas en el territorio, y que la subsistencia estaba basada en la caza la recolección y la agricultura en pequeña escala. En los años 60’s el descubrimiento de sistemas masivos de canales, lomas y otros trabajos de movimiento de tierra, pusieron en duda esta perspectiva. Los llanos de Moxos, en las tierras bajas al este en Bolivia es una de las regiones donde la gente prehispánica realizo estos movimientos de tierra, permitiendo a su cultura florecer durante posibles varios miles de años.

 

La gente nativa de Baures fue considerada el grupo mas civilizado encontrado por las tempranas incursiones de misioneros jesuitas en la región amazónica Boliviana. Ellos vivían en grandes y numerosas villas protegidas por fosos y palizadas; largos canales para transporte entre los diferentes asentamientos. Estos trabajos de movimiento de tierras mencionados en la literatura etnohistorica eran parte de una tradición que solo puede ser entendida a través del registro arqueológico.

 

El descubrimiento de movimientos de tierra de origen prehispánico en extensas áreas en las tierras bajas del este de Bolivia en los tempranos 60’s, desafiaron drásticamente las perspectivas tradicionales con respecto al desarrollo cultural en la cuenca del Amazonas. Un tratamiento arqueológico antes de los 60’s en la amazonia hubiera típicamente resaltado las limitaciones ambientales al desarrollo cultural, y la predominancia de sociedades simples (bandas y tribus), un sistema de subsistencia basado en la caza, la recolección, la pesca y una agricultura muy limitada caracterizada por la corta y quema de pequeñas áreas de bosque. (Meggers 1971; Steward and Faron 19590; Steward 1963).

 

La documentación de la agricultura prehispánica en campos de cultivo elevados en la región del Beni (Denevan 1966), y en algunos otros lugares de las tierras bajas húmedas tropicales de Sudamérica (Lathrap 1970; Denevan 1966, 1970, 1983) demostró que la agricultura intensiva era posible, como consecuencia pudo sostener densas poblaciones en estas áreas.

 

Investigadores actualmente están tratando de descubrir las estrategias de uso precolombino por gente antigua de la región de la amazonia boliviana desde 1990 (Erickson 1995) Sus recientes investigaciones se han enfocado en Baures, localizado en la provincia de Itenez, del Departamento del Beni en el noreste de Bolivia. Este proyecto condujo investigación exploratoria intensiva de las zonas con movimientos de tierra, enfocándose en los sitios rodeados de fosos en las islas de bosque y las redes de canales en las sabanas durante dos periodos de trabajo de campo en 1995 (de 25 y 14 días) y un mes de trabajo de campo en 1996 (Erickson et al. 1995) El proyecto incluye arqueólogos de la Universidad de Pennsylvania, el Instituto Nacional de Arqueología de Bolivia y estudiantes de la Universidad de Pennsylvania y Universidad Mayor de San Andrés (La Paz) y la Universidad Técnica de Beni (Trinidad). Entre las instituciones que colaboraron estan: el Museo de la Universidad de Wisconsin, CORDEBENI, Ministerio Boliviano de Turismo, Ministerio de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente, y el gobierno regional del Departamento del Beni en la Municipalidad de Baures.

 

Un enfoque arqueológico del paisaje puede ser útil para el estudio de regiones y las características de sitios sin ocupación como los trabajos de tierra. La arqueología del paisaje se enfoca en el espacio entre los sitios de ocupación, algo raramente considerado en la arqueología tradicional (Crumley y Marquardt 1987; Rossignol y Wandsnider 1992; Gleason y Miller 1994) Las características culturales de estos no sitios o fuera de sitios incluyen paredes y limites, caminos y senderos, marcas, alineamientos, lugares sagrados, lugares de memoria histórica, o en el caso de la Amazonia Boliviana: trabajos masivos y extensivos de tierra (que incluyen campos elevados, canales, arroyos, reservorios y lomas). La arqueología del paisaje trata de investigar el proceso cultural y el proceso ambiental envuelto en la formación de paisajes históricos sin imponer un determinismo ambiental. En la amazonia boliviana el paisaje fue tan dramáticamente modificado que puede ser llamado antropogenico o de creación humana (Denevan 1966, Erickson 1980; Erickson et al. 1991, 1993, 1994, 1995).

 

En algunas otras partes del mundo el estudio arqueológico de las características culturales en el paisaje a probado ser una ventana a la organización social, orden espacial, cosmología nativa, calendarios, sistemas de asentamientos, tenencia de tierra y otros importantes temas (Scarborough e Isaac 1993; Gleason y Miller 1994). Avances metodológicos incluyen sensores remotos, Sistemas de Posicionamiento Global, Sistemas Geográficos de Información y mapas topográficos generados por computadora han sido efectivamente usados en la arqueología del paisaje. Estos métodos son empleados en este proyecto.

 

El medio ambiente y la historia de la región de Baures

 

Baures es el nombre de la región, un distrito, un pueblo, un lenguaje y un grupo étnico nativo (Baure). El medio ambiente es diverso y caracterizado por un mezcla de bosque de galería a lo largo de ríos y lagunas, islas de bosque en la sabana cubierta de pastos, vastas zonas abiertas cubiertas de pasto (pampa), extensas zonas húmedas, muchos ríos navegables, y grandes y poco profundas lagunas. Existe una marcada diferencia estacional entre la época de lluvias y la época seca, con zonas planas extensas inundadas durante 3 a 5 meses al año. A pesar de la presencia de suelos tropicales de laterita en muchas partes, la tierra mas alta cubierta de bosque es considerada por informantes locales como altamente productiva. La agricultura y la jardinería en pequeña escala es practicada por los habitantes locales. Hoy en día mucho de la sabana cerca de Baures esta dedicada a la ganadería.

 

Un numero de recopilaciones tempranas de Baures escritas por los Jesuitas (Altamirano 1891; Eder 1888; Anónimo 1743; Equiluz 1884), al final de siglo XV y siglo XVI, se describe a la gente nativa, sus costumbres, los paisajes locales, y la vida de la colonia misional. No como otras zonas en la amazonia, Baures aparentemente no sufrió un colapso demográfico temprano. De todas maneras después de que el misionero Cipriano Barace fue asesinado en 1703, la gente nativa sufrió mucho bajo el poder y las represalias españolas, que incluían represalias violentas, guerra, y esclavizamiento. Después de 1708 los misioneros movieron dispersas comunidades a pueblos creados por las misiones, siendo las centrales: Concepción de Baures y San Martín. Esta área según los documentos era agriculturalmente muy rica, especialmente por la producción de cacao y algodón. Las descripciones coloniales dadas por los Jesuitas nos muestran un rico aunque incompleto record de la cultura Baure. Los Jesuitas consideraban a los Baures como la cultura mas civilizada de todas las etnias en los Llanos de Moxos, por que vestían ropa de algodón y vivían en grandes y bien organizadas villas (Altamirano 1981; Eder 1888). Los jefes (aramas), que obtenían este cargo por herencia, tenían un considerable poder sobre sus súbditos, especialmente en relación con la producción agrícola, la movilización de guerreros y el orden publico. Las villas eran grandes para los estándares amazónicos, y estaban organizadas en planes que incluían calles, espaciosas plazas publicas, espacio al rededor de las viviendas y grandes casas comunales exclusivas para hombres. De acuerdo a los jesuitas muchas de estas villas estaban defendidas por fosos circulares y palizadas de madera que encerraban a las villas. Los asentamientos estaban conectados por canales que permitían viajar entre asentamientos todo el año. La figura es de una de las regiones mas pobladas llena de grandes, bien organizados y distribuidos asentamientos tomando ventaja de los recursos naturales locales.

 

Se especula que la información que se tiene de los Baure en documentos etnohistoricos, nos lleva a que ellos son los descendientes de la gente que construyo los trabajos de tierra que se encuentran en las islas de bosque, la sabana y las tierras inundadas. Si bien algunos de los trabajos de tierra eran usados durante el periodo histórico, no se sabe si también eran activamente construidos y mantenidos. La mayoría de estos trabajos de tierra fueron probablemente construidos y usados en la protohistoria o periodo prehispánico. La rotura causada por la conquista, despoblamiento, reubicamiento y misionalización durante el periodo histórico causaron el abandono de estos trabajos de tierra.

 

Restos Arqueológicos en la Región de Baures

 

 

Los primeros reportes de estos restos arqueológicos en la zona de Baures son de Nordeskiold (1916, 1918) que menciona villas rodeadas de fosos y muchos canales y arroyos que las interconectaban. Este trabajo no fue continuado sino hasta 1966 por Denevan que describe muchos canales y arroyos aun utilizados por los habitantes de Buares, además de reportar las villas rodeadas de fosos de Baures y Magadalena. Al final de los 50’s, el geólogo Lee (1979, 1995; Pinto Parada 1987) descubrieron la vasta red de arroyos, canales y asentamientos en las papas entre le rio San Joaquin y el rio San Martín (“el complejo hidráulico de Baures”), Lee y Botega hicieron muchos sobrevuelos en la región con profesionales y periodistas para poder observar el complejo hidráulico, pero los restos nunca fueron observados desde tierra por arqueólogos. La única investigación arqueológica hecha en Baures fue conducida por Dougherty y Calandra en 1984 y 1985, en el pueblo de Baures y a lo largo de los ríos Negro y Blanco. Ellos condujeron una serie de pequeñas excavaciones para recuperar cerámica e intentar realizar una cronología del área.

 

En 1995 el proyecto agro arqueológico del Beni (Universidad de Pennsylvania y el Instituto Nacional de Arqueología), tuvieron la oportunidad de realizar una investigación exploratoria de una semana en la región. Los miembros del proyecto fueron invitados por la Corporación de Desarrollo del Beni y la Municipalidad de Baures para comenzar una investigación de los recursos arqueológicos, desarrollar planes para un museo arqueológico regional, y explorar la posibilidad de establecer un parque nacional con fines de conservación y desarrollo del ecoturismo en la zona del complejo hidráulico. Durante esta corta visita el equipo del proyecto condujo la exploración arqueológica mapeando las lomas y otros trabajos de tierra, fotografió colecciones privadas de piezas arqueológicas, y estableció contactos con instituciones locales para investigaciones futuras. Uno de los miembros del equipo condujo dos pequeñas exploraciones de 10 y 14 días al corazón remoto del complejo hidráulico (Erickson et al. 1995).

 

Los principales trabajos de tierra en la región de Buares incluyen varias formas de sitios de ocupación rodeados por fosos (probablemente villas), islas de bosque rodeadas de fosos (probablemente grandes asentamientos), arroyos, canales y reservorios. No se encontraron campos elevados aquí. La distribución total de estos trabajos de tierra en Baures es desconocida hasta el momento, pero el área de distribución ha sido estimada en 12000 kilómetro cuadrados (Lee 1995), sin embargo el área de distribución continua de los trabajos de tierra es probablemente mucho mas pequeña (Erickson et al.1995)

 

 

¿Las lomas, lechos de ríos, y canales en la región de Beni en Bolivia son formaciones naturales o son el resultado de 2000 años de labor de sociedades perdidas?

 

De alguna manera William Denevan dice hoy que no sabia en lo que se estaba metiendo cuando decidió escribir su tesis de maestría sobre la región del Beni, una remota, casi deshabitada y muy poco comunicada región de la Amazonía Boliviana. Localizada entre las montañas de los andes y el río Guaporé, uno de los mayores afluentes del Amazonas, el Beni pasa la mitad del año en condiciones de sequía y la otra mitad del año: inundada por las lluvias y los deshielos.

 

Pero no fue hasta que realizo su primer viaje de investigación, en 1961, que Denevan se dio cuenta que el área estaba llena de trabajos de movimiento de tierras, que los ingenieros geólogos de una compañía petrolera (los únicos científicos en el área), creían que eran las ruinas de una civilización desconocida.

 

Después de convencer a un piloto de que lo lleve en un vuelo de reconocimiento, Denevan examino los trabajos desde arriba. Mucho del Beni esta cubierto por la sabana conocida como Llanos de Mojos. Pero para su sorpresa, Denevan vio lo que parecían ser restos de canales de transporte, lomas piramidales, cursos de agua elevados sobre el nivel del suelo, campos de cultivo también elevados. “Miro frenéticamente a través de la ventana del DC-3 mientras volamos”, recuerda Denvan, quien ahora es un profesor emerito de Geografía en la Universidad de Wisconsin, Madison. “Yo sabia que estas cosas no eran naturales. Uno simplemente no tiene este tipo de líneas tan rectas en la naturaleza”.

 

Hoy, después de cuatro décadas, un pequeño pero creciente grupo de investigadores cree que el Beni alguna vez acogió a lo que Clark L. Erickson llamo “una de las mas densas poblaciones y mas elaboradas culturas en la amazonía”, culturas tan sofisticadas y completamente diferentes que las muy bien conocidas cultura Inca, Maya y Azteca. De todas maneras esta gente todavía sin nombre abandono sus trabajos de movimiento de tierra entre 1400 y 1700 antes de Cristo, Erickson opina que ellos transformaron permanentemente el ecosistema regional creando “un rico modelo de paisaje humanizado” que es “uno de los mas remarcables logros humanos en el continente”. Hasta este día de acuerdo a a William Balée, un antropólogo de la universidad de Tulane en New Orleáns, el bosque tropical que se entremezcla con la sabana es en considerable medida antropogénica, o creada por seres humanos, un noción con dramáticas implicaciones para la conservación.

 

Estas visiones han empujado al Beni en lo que Denevan llama “la guerra de la arqueología en la amazonía”. Por mas de 30 años, los arqueólogos han luchado casi en términos personales, sobre si la cuenca amazónica proveyó los recursos para el desarrollo de culturas indígenas para crecer bajo la forma de pequeñas villas autónomas.

 

Hasta hace poco los que estaban en contra tenían ventaja, pero en la ultima década muchos arqueólogos incluyendo a Anna C. Roosvelt del Museo de Campo de Chicago, publico evidencia sobre dichas sociedades que existían en la verzea, conocida como la planicie inundable amazónica. (Science, 19, Abril, pp. 346 373; 13 Diciembre 1996, p. 1821).

 

La Disputa sobre el Beni es similar. Usando argumentos medioambientales, los escépticos proponen que las formaciones de tierra en el Beni son naturales, o los restos de pequeñas colonias que provenían de zonas más ricas como los Andes. “Yo no he visto ninguna base para pensar que aquí hubieran grandes y permanentes asentamientos humanos”, dice la arqueóloga Betty J. Meggers del Stmithsonian Institution en Washington, D.C. “Pero si realmente existieron, ¿Dónde esta la evidencia sólida?”. En particular las criticas que Meggers hace se basan en que no hay evidencia de una organización jerárquica en el Beni. Sin esto la visión de algún tipo de sociedad sofisticada que tienen Denevan, Erickson y Balée no puede existir.

 

Resolviendo la controversia, puede haber importantes consecuencias para la región, y para toda la amazonía. Si la región es reconocida como muy frágil para soportar el uso intensivo, su más apropiado futuro seria como la de una reserva de la biosfera supervisada por el programa Cultural, Científico y Educacional de las Naciones Unidas (UNESCO), eso como un parque ecológico casi deshabitado. Pero si la actividad humana ha jugado un papel esencial en el proceso ecológico de la región por milenios, como argumenta Balée, entonces una cuidadosa explotación de la tierra, de la misma manera que lo hicieron las culturas anteriores, es no solamente aceptable sino esencial para preservar su carácter.

 

“Sin duda los Llanos de Moxos representan uno de los mas extraordinarios paisajes prehistóricos del planeta”, dice Robert Langstroth, un geógrafo cultural quien realizó su en 1996 su disertación de postgrado en la universidad de Wisconsin bajo la tutoría de Denevan. “¿La cuestión es cuanto de esto es arqueológico y cuanto lo arqueológico a afectado lo natural?”

 

El Dorado Antropológico

 

Por siglos, los Llanos de Mojos han guardado bien su historia, sobre una capa de depósitos aluviales de tres mil metros de profundidad, la sabana fue alguna vez la locación para el rumor de la ciudad de oro del Dorado. Protegida por sus nubes de insectos, sus extremos climáticos, y la reputación de la fiereza de sus habitantes, fue una de las áreas menos exploradas por los Europeos. En 1617, un corajudo grupo de exploradores, finalmente estableció que el Dorado no existía, por lo menos en los Llanos de Mojos. Los jesuitas gobernaron el área desde 1668 hasta 1767, cuando las enfermedades diezmaron a la población indígena.

 

Inclusive después de la destrucción llevada a cabo por los españoles, el Beni mantiene un remarcable mosaico de sociedades indígenas hasta mitades del siglo 20. Su diversidad cultural y la relativa falta de educación en el área, hicieron posible que el antropólogo del Smithsonian, Alfred Metraux, llamara el este de Bolivia “el Dorado de los antropólogos”, en 1942. “Algunos de los indígenas se pusieron en contacto con los españoles durante los primeros años después de la conquista, pero la mayoría mantuvieron su independencia cultural, y ellos son de los pocos que todavía viven de la misma manera como vivían antes de la llegada del hombre blanco”.

A pesar del entusiasmo de Métraux y el ímpetu de Denevan, el Beni todavía se mantiene ampliamente sin examinar. Los investigadores americanos fueron espantados por la inestabilidad política de Bolivia y por el clima del área. Y sobre todo por los sentimientos anti americanos como respuesta a la actitud de la agencia norteamericana DEA. Por su parte los arqueólogos bolivianos se han focalizado en las civilizaciones de las tierras altas de los Andes y sus glamorosas ruinas de piedra. Solo en 1990 un equipo Boliviano-Americano, liderizado por el arqueólogo Erickson, empezaron la primera investigación arqueológica a largo plazo sobre los trabajos de tierra en el área.

 

Mosaico Cultural

 

 

Escalando a lo mas alto del Ibibate, una loma de 18 metro de altura sobre la sabana, Erickson llega a un claro en el bosque producido por la caída de un árbol. Buscando en el piso descubierto, él apunta a una zona más oscura, casi negra que esta llena de fragmentos de cerámica. Muchas piezas rotas se pueden ver, varias son del borde de los que fue cerámica, él encuentra una pieza que a la que le dieron la forma de un pie humano. Pero la riqueza del suelo y la abundancia de material de cerámica es muy típica, en la visión de Erickson. “Muchas de las lomas no son mas que enormes montones de restos de cerámica”,él dice, “nunca había visto nada como esto, son casi 20 o 30 pies de pedazos de cerámica”.

 

Ibibate, “gran loma”, en el lenguaje de los indígenas Sirionó, esta a 50 km al este de Trinidad, capital departamental de Beni. Ahí se focalizó el estudio de Balée, Erickson y el equipo de científicos bolivianos que trabajaron con Erickson. Ibibate es actualmente un par de lomas conectado por un terraplén. Muchos terraplenes salen en forma de radios como autopistas de la loma central hacia otras lomas. Bordeada por canales angostos, las vías estas son de mas o menos 1 metro de alto, 3 a 5 metros de ancho y rectas como un disparo de fusil. Estas formas son raras en las sabanas, de acuerdo a Denevan son de origen artificial. En la opinión de Balée, “Ibibate es lo más cercano a una pirámide Maya en Sudamérica, debajo del bosque esta un artefacto humano de 60 pies (18 m)”

 

De todas maneras su trabajo esta incompleto y la mayor parte se mantiene sin publicar. Erickson y Balée han hecho una representación a grandes rasgos de lo que creen que paso aquí. Ibibate, como la mayor parte de los cientos de lomas en los Llanos de Mojos, inicialmente fue mucho más pequeña si es que existía. Fue construida, dice Erickson, por los habitantes originales del Beni, el cómo y por que se mantiene incierto. Ellos podían haber comenzado elevando parcelas de tierra para poder cultivar sobre el nivel de agua de inundación. O de acuerdo al geólogo petrolero y arqueólogo aficionado: Kenneth Lee, ellos debieron haber creado las lomas, cuando por razones religiosas, ellos enterraban a sus ancestros en urnas de cerámicas y se establecían sobre ellos, la gente elevaba las lomas a medida que acumulaba basura, las paredes y los techos de las casas, y especialmente la cerámica molida. “La cantidad de material depositado indica que mucha gente fue responsable, creando las lomas por un periodo de por lo menos 2000 años”, Erickson dice haciendo una aproximación que Ibibate pudo haber alojado entre 500 y 1000 habitantes.

 

Las aldeas, cada una en su propia isla de tierra alta serian nada aisladas. Estudiando la distribución geográfica y la variedad de movimientos de tierra y su cerámica asociada. El equipo de Erickson ha concluido tentativamente que los Llanos de Mojos era el hogar de no solamente una cultura pre-colombina, sin mas bien un mosaico de sociedades ligadas por redes de comunicación, comercio, alianza y guerra. Comenzando hace unos 3000 a 5000 años. Erickson escribió que estas culturas fueron erigidas “en cientos de kilómetros lineales de terraplenes, canales y grandes asentamientos urbanos además de sistemas intensivos de cultivo”. Por razones que aun no son entendidas completamente todo el sistema social colapso en la apoca de Colón o no mucho después. La viruela pudo haber visitado el área, investigadores creen que una epidemia de la enfermedad debilitó al imperio Inca cerca de 1525. En adición Meggers cree que el Beni como el resto de la amazonía, estaba sujeto a sequías catastróficas.

 

El equipo de Erickson y granjeros locales erigieron sus propios campos de cultivo elevados, para ver como habrían funcionado. Ellos concluyeron que probablemente los habitantes originales del Beni emplearon agricultura tradicional, cultivando frijoles, remolacha, camote y yuca en campos elevados; agroforestería poniendo platines de palmeras, nuez, y árboles frutales, y además sorprendentemente aquacultura. Alrededor de los cursos de agua en la región del norte conocida como Baures, Erickson dice que los terraplenes corren en zigzag que se extienden por 3 a 4 kilómetros. Las estructuras, él cree, eran trampas de peces, usados durante la época lluviosa cuando el agua cubría la sabana con medio y hasta un metro de agua. Canales angostos de 3 metros de largo abrían los ángulos en el zigzag. Ahí redes tejidas eran utilizadas para capturar los peces y también los mariscos, el también opina que las aberturas también servían como embudos por los cuales los peces eran dirigidos hacia estanques artificiales de 30 metros de largo. En adición estas estructuras fueron elevadas con apilamientos de caparazones de caracoles manzana (genero comestible Pomacea), posiblemente descartados después de las comidas. Las estructuras persisten sin que nadie las mantenga, incluso ahora los estanques pululan de peces en la época seca. “Ellos convirtieron la sabana en gigantescas granjas de peces, cuando uno ve la radiación de los terraplenes alejándose de los cursos de agua no hay duda de la intencionalidad” dice Erickson.

 

Guerras arqueológicas

 

 

Otros se oponen fuertemente, y hay serias disputas sobre la amazonía. En libros y artículos influyentes, Meggers y su esposo Cliford Evans, arguyen que además de la flora, el delgado y ácido suelo de la amazonía no podría servir para sostener una agricultura intensiva. Y eso significa que sociedades complejas, con la inevitable dependencia de la agricultura, no pudieron existir en la amazonía. Meggers alguna vez propuso que las aldeas en la amazonía no podían tener mas de 1000 habitantes en el tiempo en el que colapsaron. “Nosotros llamamos a estas culturas primitivas”, ella habla de grupos indígenas contemporáneos que tienen por lo menos algún tipo de avance tecnológico. “Ellos están haciendo remarcables acomodaciones a severos limites ambientales. Nos están mostrando que seria posible ahí”.

 

Cuando los investigadores dijeron que grandes y complejas sociedades existían en la amazonía, ella dijo que eso solo nos muestra que “hay muchos factores ambientales engañosos que la mayoría de los arqueólogos ignoran o tal vez no saben”. Por que las tierras tropicales son lavadas frecuentemente por las lluvias fuertes, las trazas de ocupación humana fueron lavadas en vez de ser depositadas en capas que se sobrepongan. Así un lugar que fue intermitentemente ocupado por poca gente puede parecer que fue ocupado por gente por largos periodos. “Las evidencias de desocupación fueron ocultadas por el clima”, ella dice. “Las muestras de carbón son desplazadas, hay una lista completa de trampas y problemas”.

 

En los principios de la década de los 80’s, Bernard Dougherty y Horacio Calandra, dos arqueólogos argentinos, respaldados por el Smithsonian, excavaron muchas lomas en el Beni similares a Ibibate. Ellos concluyeron que “no era difícil adscribirlas a fuerzas naturales, especialmente a actividad fluvial”. En su visión los cursos de ríos y las lomas de los Llanos de Mojos, probablemente creadas por una cultura de altura de la zona de los Andes, que dejaron pequeñas colonias que se desbarataron por presiones ecológicas. “Parece ser que aquí, como en otras zonas en el mundo que el medio ambiente tenia el haz desde el principio”. Calandra y Dougherty escribieron en 1984. En su disertación Langstroth arguye, en paralelo, que los parches de bosque aislados no fueron creados por humanos. “Fueron creados por fragmentación y erosión de diques naturales”, el además dice: “suena bonito dar crédito a la gente por hacer cosas maravillosas, pero la evidencia no esta ahí”.

 

Las criticas de Erickson apuntan a estructuras como lomas, cursos de río y terrenos elevados, necesitan de un considerable movimiento de tierra que requiere a su vez de una autoridad coherciva centralizada y una división jerárquica de labores, característico de sociedades con niveles de estado. Aun en la tierra baja de la amazonía, como Erickson concede “no hay buenas referencias historicas o evidencia etnográfica para un estado de organización verticalista”.

 

Erickson tiene una explicación diferente: los movimientos de tierra, el sugiere, que fueron erigidos por sociedades heterarquicas: grupos de comunidades que perdieron sus limites, por el traslape de sus vínculos horizontales, por amistad, alianza y asociaciones informales. Hay alguna gente en Sudamérica que mira los complejos masivos de campos cultivados y dice “esto ha de haber sido organizado por una política compleja”, reporta Peter Stahl, un antropólogo de la Universidad de New York, Binghamton. Considerando lo que Clark Erickson dice: “No, esta es la capital del paisaje acumulado de generaciones de agricultores, que lo construyeron mas o menos por su cuenta”

 

Como Erickson, Roosevelt cree que culturas sofisticadas prehispánicas la zona media y baja del área que ella estudió. Con abundantes frutas, nueces, palmas comestibles, y peces, la gente de la cuenca del amazonas tenia muchas más opciones que gente de lugares como el centro de México, no tenía, ellos podían en cualquier momento ir a otro lugar y hacer lo que querían. El resultado en su visión fueron sociedades mucho menos coercitivas, mas como los domos de liderazgo épicos, donde el líder auspiciaba las construcciones y las ceremonias. De alguna manera como las prosperas comunidades indígenas en el Pacifico Noroeste y California. “Y todavía estamos aprendiendo” dice ella, “sobre como ellos moldearon este maravilloso paisaje que nos legaron”.

 

Los investigadores que niegan la importancia de las culturas prehispánicas del Beni, explica Erickson, han sido engañados por la tradicional fijación de la arqueología por sitios individuales. El método tradicional de escarbar sitios individuales y medir sus contenidos no esta bien para producir datos claros, Erickson dice: por las muchas razones Meggers cita: el área con fuertes precipitaciones pluviales, mezcla las capas sedimentarias y la costumbre local de amontonar tierra para crear lomas y canales confunde el record arqueológico. Entonces él argumenta, los sitios tradicionales de excavación deben dar una forma de estudiar el paisaje como un todo, “tratando el paisaje como un artefacto, como si fuera una pieza de cerámica”. Este tipo de “arqueología del paisaje”, usa herramientas no tradicionales, incluyendo fotografía aérea, imágenes de radar, e imágenes multiespectrales de satélite, para preparar mapas de grandes áreas. “Mi critica principal a este concepto de sitio es que implícitamente le pone márgenes alrededor de cada sitio. Pero aquí en el Beni los sitios se han disuelto por siempre, el paisaje como un todo ha sido organizado y diseñado”.

 

Un vuelo en una pequeña avioneta hace que el significado que Erickson da se haga claro. “El grupo de islas esta conectado con aquella, pero no con esas”, nos dice él mientras señala por encima de los motores. Hay una relación ahí..., los campos elevados están todos alineados en una dirección norte-sur, el paisaje nos esta diciendo algo”.

 

Adaptación ecológica 

 

Erickson y otros argumentan que los constructores de lomas en el Beni, empezaron un proceso de cambio ecológico que continua hasta nuestros días. Balée por ejemplo, dice que el Beni desde su punto de vista, “no fue favorable para bien drenados bosques tropicales hasta después de que la gente deliberadamente o no, lo hizo favorable”, elevando las lomas por encima del nivel de las inundaciones y enriqueciendo los terrenos por quemas, y depósitos de basura. Después que los habitantes originales de las lomas desaparecieron hace 300 a 600 años, las lomas fueron presumiblemente colonizadas por bosque. Cuando los Sirionó llegaron a la escena, Balée cree, basado en evidencia lingüística evidente, que ellos emigraron al Beni hace mas o menos tres siglos atrás, alterando la composición del bosque para satisfacer sus propias necesidades, creando lo que Balée llama “foresta artifactual”.

 

Como evidencia, Balée señala los tres géneros más comunes de las lomas: Sorocea, el cual es utilizado por los Sirionó para hacer cerveza. En el Beni, Sorocea solo se puede hallar en las lomas, y no así en el área circundante que se inunda estacionalmente, lo cual es una evidencia fuerte para Balée, de que este genero fue traído por gente a las lomas. Lo mismo sucede con la palma con espinos (Astrocaryum murumuru), que tiene muchos usos indígenas, y es mucho mas común en las lomas que en ningún lugar, “aquí hay 112”, Belée señala en el Ibibate, “con su equivalente de 15 en la zona que no es de la loma”.

 

“Existe mayor cantidad de bosque en los Llanos de Mojos, a pesar de la cantidad de gente que vivió allí en los tiempos prehispánicos”, nos dice Balée, esto nos indica que “no necesariamente hay incompatibilidad entre el uso humano y la biodiversidad en los trópicos”, y lo que el espera es que los conservacionistas, que algunas veces ven las actividades como destructivas a priori, no busquen cortar las libertades indígenas. “Los indígenas crearon el medio que estamos tratando de proteger, ellos deben seguir ahí, mientras nosotros aprendemos lo que hicieron”

 

 Recopilado por Miguel Fernández

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